20/10/09

CONCLUSIONES DE LAS JORNADAS FEDERALES DE IS-PSOE

Unos doscientos compañeros y compañeras coincidentes en la corriente de opinión IS-PSOE nos reunimos en Madrid, en la sede del PSOE, los días 3 y 4 de octubre de 2009 en torno a las Jornadas Federales, procedentes de Canarias, Mallorca, Galicia, Euskadi, Aragón, Cataluña, País Valenciano, Murcia, Andalucía, Extremadura, Castilla La-mancha, Castilla-León y Madrid. Concluimos que es necesario afrontar la crisis global en la que estamos inmersos de tal manera que se vaya perfilando una salida real de la misma “por la izquierda”.

Pretendemos salir de la crisis generando condiciones para que se logre cambiar nuestro modelo productivo a la vez que se refuerzan los derechos de los trabajadores. Para ello hay que relanzar la actividad económica teniendo en cuenta las exigencias medioambientales y corrigiendo el curso de un mercado global dominado por los excesos del capitalismo financiero y que ha sido el detonante de la crisis.

En ese sentido, se precisa de una decidida acción política de los socialistas -desde las instituciones y desde el partido- cuya orientación anti-crisis tenga en cuenta algunos puntos que consideramos cruciales:

1. Avanzar hacia una regulación efectiva del sistema financiero internacional y hacia un sistema financiero nacional mejor articulado y más eficaz en cuanto al crédito a PYMES, familias e individuos. Erradicar los paraísos fiscales en todas sus variantes y poner en práctica un impuesto sobre las transacciones financieras. Recuperar formas nuevas de banca pública, operativas y eficaces, más allá del ICO.

2. Impulso para un nuevo modelo productivo que deje atrás el desproporcionado peso de la construcción y de la actividad inmobiliaria especulativa y depredadora en España. Avanzar hacia una economía más sólida asentada sobre el conocimiento, la tecnología y la innovación. Introducir cambios en las relaciones de producción, mayor democracia económica, seriedad en la responsabilidad social corporativa y mayor participación de los trabajadores en las decisiones empresariales.

3. Potenciar un desarrollo sostenible, asumiendo coherentemente las políticas medioambientales necesarias para el mantenimiento de los recursos naturales y la lucha contra el cambio climático. La salida de la crisis no debe debilitar el ineludible compromiso medioambiental. La apuesta por las energías renovables y alternativas ha de ser eficaz y creíble. El desarrollo sostenible implica replantear en serio qué tipo de crecimiento se quiere promover.

4. Salir de la crisis por la izquierda significa reforzar las políticas sociales garantes de la cohesión, el respeto a los derechos de los individuos y la solidaridad efectiva que debe llegar a todos a través de los mecanismos del Estado. Los servicios públicos de educación, sanidad, pensiones y atención a las personas dependientes son ámbitos que deben reforzarse.

5. La redistribución de la riqueza, objetivo irrenunciable, ha de ser más eficaz. Si por una parte se logra a través del gasto social, por otra también tiene lugar a través del ingreso, es decir, de los impuestos con los que ese mismo gasto se financia. La fiscalidad ha de ser justa y progresiva, contrariamente a lo promovido por el neoliberalismo económico. Hay que gravar más las rentas altas, las rentas del capital y la tributación de fondos de inversión como los de las SICAV. Hay que subir el tramo más alto del IRPF e instaurar la ecotasa.

6. Una respuesta a la crisis desde la izquierda ha de estar especialmente atenta a la consecución de mayores cotas de igualdad de género, a la vez que se vinculan esos objetivos de igualdad de género con las metas de igualdad social.

7. La importancia de la educación se ve acentuada en medio de la crisis. Por ello hay que favorecer un verdadero pacto educativo, sin que ello signifique merma del consenso que ya acompañó a la LOE. El objetivo debe ser ampliar ese consenso sumando a quienes no se adhirieron a él y no menguar el alcance del consenso que ya se logró.

8. Las respuestas a la crisis han de coordinarse en el ámbito internacional, siendo prioritario el marco de la UE. En su seno hay que potenciar la Europa social, las libertades, los derechos y el despliegue de la ciudadanía europea. También hay que establecer nuevas formas de gobernabilidad en el escenario internacional. Nos pronunciamos en contra del retroceso de la jurisdicción universal en España y por el desarrollo y profundización de la Ley de la memoria Histórica.

9. Desde la izquierda hay que reforzar las políticas de integración de los inmigrantes la defensa de sus derechos. Hay que combatir los prejuicios que se reavivan en momentos de crisis y las nuevas formas de exclusión social. También hay que mantener el compromiso de aportar el 0,7 del PIB para la cooperación al desarrollo en el año 2012, así como ampliar las políticas de lucha contra el hambre y la exclusión en el planeta.

10. El PSOE, precisamente ahora, ha de reactivar lo mejor del legado socialista y apostar por un renovado socialismo democrático, alentando alternativas al neoliberalismo económico y al neoconservadurismo político, desde la izquierda. Hemos de marcar la diferencia con las políticas de las derechas españolas. Nuestra práctica política ha de asumir la pluralidad existente en el seno de la izquierda, como un hecho enriquecedor para los objetivos emancipadores y de solidaridad que mantenemos. En ese sentido hemos de contribuir, desde el encuentro entre las diferentes fuerzas políticas y los distintos movimientos y organizaciones sociales, a articular esa pluralidad, sin merma de la especificidad de un proyecto socialista al servicio de las metas de libertad, igualdad y justicia que aspiramos a hacer realidad en nuestras sociedades complejas del siglo XXI.


Coordinadora Federal de IS-PSOE
Madrid, 15 de octubre de 2009

8/8/09

¿Socialdemocracia o socialismo?



José A. González Casanova

Suelen confundirse ambos términos desde que la experiencia neozarista del socialismo real soviético permitió a los socialdemócratas reclamar para sí en monopolio el verdadero socialismo. Para que no se le confundiera con el comunismo totalitario, se le añadió el adjetivo democrático. Pero ¿es la misma cosa el socialismo democrático que la socialdemocracia?, ¿una democracia social equivale a una democracia socialista? Desde el siglo XIX, la lucha del movimiento obrero obligó a las fuerzas conservadoras a aceptar el sufragio universal y a intentar algunas tímidas mejoras sociales. Con el tiempo, las derechas llegaron a presumir de que también ellas eran demócratas y partidarias del bienestar social de los ciudadanos.En Cataluña, sin ir más lejos, la derecha nacionalista de Jordi Pujol se presentó a las primeras elecciones democráticas (1977) con un programa socialdemócrata. Cuando le conviene a su sucesor, Artur Mas, aparecer con tal signo, se olvida de cuando se presentaba como liberal-conservador. También el partido democristiano del señor Duran i Lleida se llama ahora socialcristiano, pese a su defensa del capitalismo.
En fin, Aznar hizo creer a los votantes en 1996 que estaba más a la izquierda que el PSOE, y así engañó a la gente que le creyó de centro. Por todo eso se ha impuesto el tópico de que laizquierda apenas se diferencia de una derecha moderna. ¿Serán los socialistas, por un casual, la mano izquierda del capitalismo en el doble sentido de la palabra: su diplomacia dialogante y su apagafuegos en los momentos críticos para el sistema? Tras los estragos de la II Guerra Mundial, la población europea necesitaba como nunca una políticasocial avanzada y votó que gobernara la izquierda. El capital lo consideró tan inevitable como útil. Con una URSS amenazante y dos poderosos partidos comunistas en Italia y Francia, había que apartar al pueblotrabajador de la tentación revolucionaria. Por seguridad nacional y por confundir el capitalismo depredador con la libertad de empresa y de mercado, el labour británico y sus colegas continentales reconciliaron a la ciudadanía con el capital mediante un cierto bienestar y a costa de los países pobres.
Con los años, la socialdemocracia se convirtió en la mano izquierda del sistema, practicó el neocoloniaje y demonizó al comunismo. ¿Qué fue de la democracia socialista propugnada por su fundador? Marx nunca fue comunista; reconoció no saber cómo sería el socialismo futuro; recomendó reformas que hoy nos parecerían superadas por la realidad. Pero la base de su análisis es inequívocamente anticapitalista. Si la socialdemocracia del provenir dejara de combatir el régimen imperante, no podría llamarse a sí misma, no ya marxista (Marx decía no serlo), sino socialista. Tal adjetivo sólo correspondía a quien, por impulso democrático, hiciera desaparecer el capitalismo del Planeta. Todo lo contrario, pues, de una socialdemocracia que, so pretexto de darle paliativos a un régimen agonizante, acabara reanimándolo y prolongando su turbia vida.
Fue el renegado Karl Kautsky (como lo llamó Lenin) quien, como marxista, formuló el criterio, ambiguo pero certero, para juzgar una posible rendición de la izquierda. Cuando se haya logrado que la mayoría social anticapitalista alcance la mayoría política, habrá que proceder a la revolución de la mayoría, consistente en emprender unas reformas del sistema que acaben con él, no que lo fortifiquen. Nada de paliativos. Eutanasia pura y simple, si bien con todos los requisitos legales. Este es el criterio (¿quién lo diría?) recogido en el artículo 9.2 de nuestra Constitución. En él se hace responsables a todos los poderes públicos de la remoción de cuantos obstáculos impidan que la libertad y la igualdad de las personas y sus colectivos sean reales y efectivas. Es decir, desmontar el tinglado de la vieja farsa democrática del capitalismo. Dicho texto casi nadie se lo ha tomado en serio.
Excepcional fue el discurso ante las Cortes del socialista catalán Joan Reventós al calificar la norma constitucional de auténtica base legitimadora de un tránsito del capitalismo al socialismo. Aunque Marx no extendía recetas para enfermedades venideras, su ideal era la Commune (Ayuntamiento) parisina de 1871: autogobierno popular local, autogestión obrera y propiedad social (nunca estatal); algo que sólo lo intentó la revolución yugoslava entre los años 50 y 60 del pasado siglo.
Al caer el imperio moscovita, la derecha creyó innecesario seguir teniendo mano izquierda con el nuevo proletariado, ya inducido del todo al consumo a crédito. La socialdemocracia fue acusada, por si acaso, de “comunismo rosa” para desprestigiar una hipotética democracia socialista. La Realpolitik de los Mitterand, et alii, no hizo nada que justificase aquella interesada falsedad. Las derechas volvieron a gobernar por el desencanto de unas masas que seguían confundiendo en el socialismo las reformas paliativas con las eutanásicas. ¿Para qué votar a la izquierda si la derecha le ha arrebatado de las manos los trastos de torear?
Una y otra, por mucho que se distingan en cuestiones democráticas muy importantes, no dejarían de ser las dos manos de un coloso al cual, en su injusta irracionalidad bien demostrada, no se le hacen los dedos huéspedes en su mano derecha porque le hayan recortado los de la izquierda. Todo lo contrario. Debiera acabar, por tanto, la confusión. Ni la socialdemocracia es el socialismo ni un socialismo retórico es ya una democracia socialista. De momento y hasta tiempos mejores, la única palabra que no confunde ni engaña es la palabra anticapitalismo.

José A. González Casanova es Catedrático de Derecho Constitucional y escritor.

LA ENCUESTA DEL C.I.S. Articulo de reflexión.

Pienso que no existe un electorado único en España, aquí el votante oscila poco de opción política; son pocas las ocasiones en que una parte del PSOE vote al PP o una parte del PP vote al PSOE. Aquí la mayoría es fiel a un partido, lo que pasa es que se activa o se desactiva; esto es, o vota o no vota a ese partido dependiendo de cómo lo esté haciendo.
No creo que haya que dramatizar mucho sobre los abstencionistas, cabrearlos demasiado puede llevar a que contravoten. Eso es lo que yo propongo para que los cambios se produzcan con más agilidad, pero es una opción que convence poco. El votante progresista o vota a su partido o no vota. Sólo cuando se le cabrea mucho contravota.
La cuestión no es estar pidiendo fidelidad al electorado, sino más bien exigir fidelidad a los partidos políticos con sus actuaciones y con el programa que presentaron al electorado.
En relación al grupo político que gestiona el ayuntamiento de mi localidad yo aún estoy esperando a ver cuando van a poner en marcha ese lema que decía: "Otra forma de ser, otra forma de gobernar". Y ya van casi dos legislaturas y aún no hemos visto nada de esto.
Es por ello normal que el votante del PSOE esté desactivado, no estamos viendo nada de nada.
Como bien dice nuestro Feluky en mi blog: "esta encuesta es demoledora 'HEMOS PERDIDO LA CONFIANZA DE NUESTROS VOTANTES'."
Lo preocupante no es la confianza ciudadana que esté perdiendo el PP, sino la confianza ciudadana que a espuertas está dilapidando el PSOE. Esos votantes no van a votar al PP, simplemente no van a votar al PSOE.
El PSOE no ilusiona. No se atreve a llevar a cabo la sugerencia de Lampedusa, aquella que dice que "algo tiene que cambiar para que todo siga igual". Ahora es el tiempo de ser coherentes con los principios, en estos momentos en los que nada material se puede dar. Ahora hay que DARSE. La participación es la pieza clave. Hay que empezar a dejar de hacer las cosas PARA los ciudadanos para comenzar a hacerlas CON los ciudadanos.
En definitiva ser "nada conformista y sumamente incluyente" y actuar "cambiando las formas de hacer de las personas, pero con permanencia de las ideas, los principios y las convicciones".
O como decía el PSOE en su último congreso federal: "Los y las socialistas pensamos que es mucho mejor encarar las transformaciones sociales a las que nos enfrentamos si los ciudadanos tienen el poder, si los ciudadanos son los dueños de su destino".
Si el cambio sin cambio se retrasa mucho, los analistas políticos de la próxima etapa dirán que perdieron el poder por no hacer lo único que les hubiera salvado de la debacle. Creyeron que en tiempos de crisis no era conveniente impulsar el cambio sin cambio y, sin embargo, hubiera sido la única política que les hubiera sacado del pozo sin fondo en el que se encontraban.
Hay que reaccionar, son 37 puntos, como nos dice el CIS, de pérdida de confianza ciudadana.

21/7/09

PROPUESTAS PARA EL DEBATE.

Las pasadas elecciones del 7 de junio al Parlamento Europeo no prefiguran el futuro electoral de nuestro país y de Europa pero, dada la derrota sufrida ante la derecha, es importante hacer una reflexión y debate sobre las políticas de futuro a desarrollar. Conviene partir de la paradoja que significa que la derecha europea gane las elecciones en plena crisis global provocada por el neoliberalismo económico y el neoconservadurismo político y, sin embargo, los partidos socialistas y socialdemócratas europeos no hayan conseguido levantar en las urnas una propuesta alternativa de cambio. A ello debemos añadir, con profunda preocupación, el alto grado de desafección que hemos corroborado en las pasadas elecciones.
A continuación señalamos algunos puntos para el debate:
1. Ha quedado patente la necesidad de reforzar el proyecto común del Partido Socialista Europeo (PSE.). Aunque existía un Manifiesto Común que se presentó al electorado, no fue lo suficientemente convincente para la ciudadanía. Un manifiesto común también implica presentar un candidato común a la presidencia de la Comisión Europea y, asimismo, impulsar una coordinación coherente de las propuestas integrales en el ámbito europeo. También la posición negativa del PSOE y de los eurodiputados socialistas españoles sobre el informe Auken relativo al impacto de la urbanización especulativa, así como el voto afirmativo a la Directiva de Retorno, ayudaron a confundir a una parte de nuestro electorado. La coordinación efectiva de las políticas socialistas es lo que puede permitir que el PSE. sea percibido como algo más que una confederación de partidos socialistas nacionales. Dicho de otro modo, para ser convincentes no es suficiente tener convicciones, es necesario, además, ser coherentes.
2. El hecho de la pluralidad de la izquierda en Europa debe obligar al PSE. a replantear su estrategia sobre la base de la necesidad de conjugar esa pluralidad política y social. Los resultados obtenidos por fuerzas de la izquierda política y ecologistas distintas de las agrupadas en el PSE. (en Francia, Alemania, Holanda, Dinamarca, etc.) obligan a buscar una colaboración eficaz entre todas ellas para hacer frente a las derechas, hoy por hoy hegemónicas en el seno de la U.E. La socialdemocracia y el socialismo europeo sigue siendo la fuerza principal de la izquierda, pero obviamente no la única. Su alcance en el futuro dependerá de cómo se plantee su función en el marco de la izquierda plural europea existente.
3. Un renovado proyecto de la izquierda europea debe profundizar más en las propuestas y contenidos de la Europa social. Siendo necesario, un proyecto socialista no puede quedarse sólo en la promoción y defensa de los derechos civiles y de género, sino que además ha de estar siempre involucrado en la potenciación y defensa de los derechos sociales y económicos de la ciudadanía y en particular de los trabajadores.
4. El peligro que corre la democracia es que tenga como máximo valor el de “todo vale igual”, “todos son iguales”. Con ello, la política estaría dando pábulo al nihilismo, al escepticismo, al abstencionismo. Por esta razón la democracia, también tenemos que enraizarla en el ámbito de los fines. La democracia, en su germen, tiene una fuerza o potencialidad implícita: que el demos sea dueño de su poder, es decir, que el pueblo sea verdaderamente soberano de su condición humana.
5. Desde los partidos socialistas y socialdemócratas europeos ha de proseguirse la crítica a las políticas neoliberales que han socavado al Estado de bienestar, con especial atención a las intenciones privatizadoras en sanidad, educación o pensiones a través de las cuales el neoliberalismo trata de perpetuarse incluso en medio de la crisis que él mismo ha provocado. Se hace frente a la ideología neoliberal insistiendo en que la supuesta despolitización de la economía que la derecha preconiza, no significa otra cosa que mantener la acumulación de la riqueza en pocas manos incrementando las injusticias y desequilibrios sociales. Hay que actualizar los nuevos desafíos abordando con criterios de inclusión las políticas migratorias, avanzando hacia relaciones comerciales y económicas con los países de emigración que ayuden a la creación de riqueza y formación en los países de origen; o afrontando retos nuevos como es la consecución y desarrollo del cuarto pilar del Estado de bienestar.
6. Para que el socialismo siga siendo motor de cambio y transformación tiene que pasar a la ofensiva en lo relativo a nuevos derechos y conquistas sociales: responsabilidad social corporativa, participación de los trabajadores en las decisiones económicas, potenciación del accionariado asalariado, protección de consumidores y usuarios, acceso a los servicios públicos de calidad, etc.
7. Frente a las recurrentes propuestas de cuño neoliberal sobre la reforma laboral, moderación salarial y abaratamiento de los despidos, la izquierda en general y los socialistas en particular han de hacer valer todas sus razones en torno al diálogo social, mantenimiento del empleo, necesidad de un nuevo modelo productivo y de crecimiento, innovación, formación y redistribución de la riqueza como claves para la salida a la actual crisis económica.
8. El socialismo se juega su credibilidad en el efectivo énfasis que ponga en la necesaria, real y eficaz regulación del sistema financiero y en la decidida erradicación de los paraísos fiscales. Hay que combatir la crisis con medidas económicas urgentes para mitigar su impacto en la ciudadanía y crear las bases para establecer un nuevo paradigma de producción y reparto de riqueza.
9. La coherencia del proyecto socialista requiere formular y ejecutar una buena propuesta de economía sostenible, en el doble sentido de sostenibilidad social y sostenibilidad medioambiental. El horizonte es establecer un nuevo modelo de desarrollo cualitativo basado en el uso racional de recursos, innovación, educación y solidaridad. La idea de economía sostenible es la que ha de inspirar también la cooperación internacional para el desarrollo.
Estamos ante un momento histórico en que el discurso, la acción y la puesta en práctica de los valores socialistas y de izquierda son necesarios y tienen pleno sentido. Hagamos posible, entre todos, que la convicción ética y política socialista se imponga y que triunfen los ideales más nobles de la humanidad.
CORRIENTE DE OPINION IZQUIERDA SOCIALISTA-PSOE

4/4/09

IZQUIERDA SOCIALISTA Y LAS ELECCIONES EUROPEAS.



Los portavoces federales de IS-PSOE han hecho llegar recientemente al Vice-Secretario General del PSOE, José Blanco, y a la Secretaria de Organización, Leire Pajin, la posición de la corriente de opinión sobre las elecciones europeas que tendrán lugar el próximo 7 de junio.

Así, han expresado su apoyo al Manifiesto elaborado por el partido Socialista Europeo y que servirá de programa marco político para la trascendente cita electoral de junio. Señalan, igualmente, el deseo de la corriente de compartir una campaña electoral que sirva para relanzar las propuestas socialistas europeas y españolas que ayuden a superar la actual crisis económica global. Como afirma el Manifiesto: “Se trata de elegir entre nuestra visión de una Europa progresista en la que la ciudadanía, los Estados miembros y las instituciones trabajen conjuntamente para abordar las cuestiones que más preocupan a los europeos, u optar por una Europa conservadora en la que el porvenir de nuestros países y de nuestra ciudadanía se deja en manos del mercado”.

También han comunicado a los máximos dirigentes del PSOE la decisión de la Corriente de Opinión de proponer al actual eurodiputado Vicent Garcés para que integre la candidatura socialista a los comicios europeos. El dirigente federal de la corriente Vicent Garcés, por su lado, ha expresado su total disponibilidad para esta “apasionante tarea”.

Garcés asumió como eurodiputado en octubre de 2007, momento en el que Rosa Diez abandonó el PSOE y el Parlamento Europeo. Desde entonces ha participado, activamente y con entusiasmo, en todas las tareas que le han sido encomendadas: miembro titular de la Comisión de Mercado Interior; miembro titular de la Comisión de Presupuestos: miembro suplente de la Comisión Jurídica; miembro titular de la Delegación Parlamentaria Mixta UE-México; miembro suplente de la Delegación Parlamentaria UE-Irán. También he colaborado plenamente en la Asamblea Parlamentaria Euro-Mediterránea y en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana.

El eurodiputado califica la experiencia vivida como intensa y gratificante: “he podido comprobar de primera mano la importancia del Parlamento Europeo en el proceso de construcción de la Unión y en las relaciones de la UE con el mundo. Las tareas que nos esperan a los socialistas son inmensas”. IS-PSOE considera que Vicent Garcés puede aportar a la lista toda esa experiencia, sus conocimientos y su practica y poder ser útil al partido y lo que este representa en la próxima legislatura.

7/3/09

CORRUPCION Y DEMOCRACIA.


Algunos hemos defendido desde hace tiempo la democracia interna en los partidos políticos. Sin embargo, aceptar que nos encontramos en un sistema democrático (concepto hiperónimo al de democrácia interna) y negar que existe una democracia interna nos lleva a una contradicción:¿cómo es posible que un partido político cuya legitimidad surge de la propia constitución no sea en su propio funcionamiento democrático?¿Cómo defender la democracia y participar de ella sin ser democráticos?
Cualquier miembro de un partido político desmentiría eso con argumentos de todo tipo basándose precisamente en la historia de la democracia, las elecciones y la legitimidad que dan las elecciones. Es cierto que los partidos políticos son instrumento de representación.Sin embargo, para representar hay que representar algo y ese algo es la voluntad de los representados. Pero si la democracia es un sistema participativo sin participantes se convierten en un continente sin contenido político. Me refiero que la abstención en unas elecciones de cualquier tipo cada vez se ve más acentuada. ¿Cuál es el motivo? El motivo realmente son los motivos. Entre ellos la tibieza con la que actúan los políticos tras ganar unas elecciones. Cuando está en la oposición el partido se radicaliza en sus posiciones y asume discursos de colectivos ciudadanos. Sin embargo, cuando se trata de gobernar...
El partido político como instrumento de representación es decadente.No obedece a las necesidades de un mundo globalizado social. Debemos tender a una democracia participativa donde el ciudadano se convierta en dueño del poder que delega.
La corrupción política es un problema de todos, porque afecta a los cimientos de la convivencia dentro del marco constitucional. Si se pierde la confianza en los poderes públicos podemos llegar a la insumisión ciudadana, hecho que quedaría justificado si miráramos hacia el Leviathan de Hobbes. Un representante que no garantiza la sanidad pública, la educación pública, la seguridad, la justicia, la equidad e igualdad de oportunidades, etc. se convierte en una clase privilegiada, pero jamás en un representante legítimo del ciudadano.
La corrupción del PP es nuestra corrupción.


Manuel de la Cruz Recio.

12/2/09

¿La socialdemocracia como fin de la historia?

Fuente:
Domènec Ruiz Devesa, economista, ha sido consultor del Banco Mundial.
Hace casi 20 años Francis Fukuyama escribió, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín, un ensayo sobre el fin de la historia en la revista estadounidense The National Interest, artículo que posteriormente se convertiría en libro. El argumento básico era el siguiente: con el proceso de reforma lanzado por Mijail Gorbachov en la Unión Soviética, conocido como perestroika, el gran rival del mundo atlántico desaparecía y, por tanto, cesaba la lucha ideológica con la victoria incondicional del capitalismo y la democracia liberal. Fukuyama, además, examinaba el potencial de otras ideologías como el fundamentalismo religioso o el nacionalismo, concluyendo que nunca podrían convertirse en auténticas alternativas a la democracia liberal capitalista, si bien no iban a desaparecer.
La idea de Fukuyama era sugerente y, desde luego, fue oportuna en aquel momento histórico. La propuesta también generó fuertes críticas, algunas infundadas por malinterpretar el mensaje original. La más típica es la que consideraba la tesis del fin de la historia como la ausencia de eventos históricos de importancia, algo que Fukuyama rechazó expresamente en su ensayo.
Otra crítica, algo más elaborada, proveniente del recientemente desaparecido Samuel Huntington, consideraba que la lucha ideológica secular pasaría a ser religiosa o étnica, con la famosa tesis del choque de civilizaciones. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 confirmaron para muchos la validez de esta tesis. Con todo, y a pesar de que el fundamentalismo islámico supone una amenaza importante, Fukuyama ya dijo en su escrito de 1989 que esta ideología no es una opción atractiva, a diferencia del comunismo durante la guerra fría, más allá de los Estados de mayoría musulmana (o entre colectividades musulmanas en países no musulmanes), donde además sólo una minoría comparte sus postulados. En este sentido, esta ideología no es realmente una alternativa viable a la democracia liberal, ni se puede argumentar que es un estado superior en la evolución ideológica, de las ideas, más bien al contrario, supondría una regresión.
No obstante, la tesis original de Fukuyama sí que debe ser corregida al menos en un aspecto fundamental, si se quiere que mantenga un cierto poder explicativo de la realidad, sobre todo a la luz de los acontecimientos derivados de la crisis financiera mundial iniciada en julio de 2007 en Estados Unidos, y aun antes, por el fracaso de las políticas neoliberales en América Latina y África.
Fukuyama consideró que la victoria de la democracia liberal sobre el comunismo soviético re
-solvía los problemas socioeconómicos dentro de las sociedades occidentales y en los países en vías de desarrollo. Declaró, además, expresamente, que ya no había contradicción entre capital y trabajo, y obvió en todo caso las importantes diferencias entre el capitalismo estadounidense y el europeo continental, y las diferentes culturas políticas que subyacen a las decisiones de política económica a uno y otro lado del Atlántico.
Es cierto que la democracia liberal es el elemento común y definitorio de los países occidentales. Sin embargo, al obviar la importancia de las d emocracias sociales de Europa occidental, que completan el paradigma del Estado liberal, tal y como nos enseñaban Norberto Bobbio y Gregorio Peces-Barba, entre otros, se acaba poniendo al capitalismo a la americana como el paradigma de ese proclamado fin de la historia. Más aún, no se tiene en cuenta la tensión permanente entre Estado y mercado que existe en el seno de las democracias liberales, y las opciones políticas que la animan, y que debemos reconocer como neoliberalismo y socialdemocracia. Palabra esta última que está conociendo un renovado vigor a la luz del desconcierto generado por la crisis financiera.
En pocas palabras, podemos decir que la socialdemocracia es la ideología que, a diferencia del liberalismo clásico, persigue la igualdad real sobre la formal y que opera de acuerdo con el principio de la prevalencia de la política democrática sobre la economía, tal y como señala Sheri Berman. En el paradigma socialdemócrata, el sistema de mercado existe (a diferencia de lo que sucedía en la Unión Soviética), pero opera dentro de las reglas que fija el poder político, lo que incluye al Estado de bienestar, hasta hace unos años tan denostado por insostenible por los publicistas neoliberales.
En este sentido, cabe considerar al neoliberalismo, que inicia su auge como paradigma político cultural dominante en la década de los setenta, como una desviación temporal en esa evolución ideológica de impronta hegeliana que proponía Fukuyama, ya que pretende volver a un estado anterior de la humanidad, el del laissez-faire, donde la economía prevalece sobre la política, y donde no hay posibilidad de pacto entre el capital y el trabajo, ya que el primero debe prevalecer, sin ambages, sobre el segundo.
Esto no significa que el neoliberalismo no haya aportado nada bueno a la historia de las ideas, pues ciertamente las políticas keynesianas tradicionales necesitaban algunos ajustes y correcciones, en particular en lo relativo al uso excesivo de políticas monetarias procíclicas para alcanzar el pleno empleo, especialmente durante la década de los sesenta en los Estados Unidos y en el Reino Unido, donde por cierto, la tradición socialdemócrata ha sido históricamente más débil. Este error, en particular, generó una espiral inflacionaria, la quiebra de la política de rentas y del pacto entre el capital y el trabajo y, finalmente, el ascenso de la ideología neoliberal. Con todo, el neoliberalismo no se contentó con devolver cierta racionalidad a la política monetaria. Su agenda, como hemos visto, iba mucho más lejos. Animada por un individualismo descarnado buscó, y en parte logró, bajo los Gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, la privatización de sectores económicos estratégicos y de determinados servicios públicos. Pero, sobre todo, se desregularon los mercados de trabajo nacionales y los flujos financieros internacionales, con las consecuencias que hoy conocemos: mayores desigualdades, menor crecimiento económico y hasta colapso financiero. Peor aún, el paradigma neoliberal alcanzó en el discurso público lo que Antonio Gramsci denominaba "hegemonía cultural", llevando a que incluso la izquierda adoptara el lenguaje del adversario. De este modo, el debate político de las últimas décadas se ha ceñido a determinados parámetros y términos fundamentales de la agenda neoliberal, dentro de los cuales conceptos como flexibilidad laboral, competitividad o reformas estructurales funcionaban como polos en torno a los que giraban las discusiones de las políticas públicas.
El reto para la socialdemocracia, en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, consiste en alcanzar grados de integración y cooperación política entre los países que permitan la recuperación del equilibrio entre Estado y mercado. El momento histórico es propicio. Aunque el carácter asimétrico de la globalización, escorada hacia lo económico (y sobre todo hacia lo financiero, con la libertad de movimiento de capitales), no sugiere que la socialdemocracia sea el fin de la historia, resulta difícil afirmar que los últimos 30 años de neoliberalismo constituyen el ideal al que aspirará la mayoría de la humanidad.
La crisis financiera mundial quizás ponga de relieve lo que ya era, en realidad, evidente: el fracaso de la ideología neoliberal tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, y la urgente necesidad de recuperar el paradigma socialdemócrata en el discurso público.

19/1/09

IZQUIERDA SOCIALISTA PIDE "UNA ACTITUD MÁS FIRME" CON LA BANCA PORQUE EL FIN DE LAS AYUDAS NO ES "MEJORAR SUS BALANCES".



Izquierda Socialista, corriente interna del PSOE, considera que Gobierno y partido deben tener "una actitud más firme" con los bancos para que aumenten la concesión de créditos a empresas y particulares después de que éstos hayan recibido importantes ayudas públicas en forma de préstamos y avales.

"El objetivo del Gobierno no es mejorar los balances de los bancos", dijo a Europa Press el portavoz de la corriente, Juan Antonio Barrio. Además, lamentó la actitud del presidente de la patronal bancaria, Miguel Martín, que criticó que haya quien acuse al sector bancario "de querer ahogar a familias y empresas por pura maldad".

El Gobierno ha afirmado que "no está satisfecho" con la concesión de créditos por parte del sector bancario, según dijo este viernes el vicepresidente económico, Pedro Solbes, mientras el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, ha opinado que los bancos están siendo "demasiado cautos" en este asunto.

En opinión de Barrio, "es clave" que el Gobierno "no afloje" en sus exigencias a las entidades financieras, y también lo es que no escuche "los cantos de sirena" del PP o de la patronal que reclaman abaratamiento del despido o recortes del gasto público.

A su juicio, mientras el Ejecutivo no ceda a estas peticiones "no va a perder el apoyo de los ciudadanos" y así lo dejan claro las últimas encuestas. "Los ciudadanos saben que hay una crisis muy fuerte y que el Gobierno está haciendo todo lo que puede", opinó.

"La situación es complicada, y nos parece clave que el Gobierno no afloje, ni con los bancos, ni con el PP", resumió el diputado y portavoz de Izquierda Socialista.


MADRID, 18 Ene. (EUROPA PRESS)